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Leche materna e inteligencia

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En un estudio realizado a más de 3.000 hombres y mujeres jóvenes de Copenhague, Dinamarca, se encontró que los infantes alimentados con leche materna por nueve meses crecieron para ser significativamente más inteligentes que aquellos que recibieron leche materna por un mes o menos. Este estudio tomó en cuenta 13 factores relacionados a la salud, el bienestar y la conducta de la madre al analizar las diferencias entre los puntajes de adultos más o menos alimentados con leche materna. La diferencia en CI se mantuvo luego de incorporar estos factores al cálculo.

Otro estudio publicado el 2007 mostró una muy interesante relación entre a leche materna y la inteligencia: el efecto de la leche materna en la inteligencia del niño depende de un determinado gen. En un 90% de los niños, este gen actúa de manera que la leche materna afecta su inteligencia, probablemente influyendo en el metabolismo de ácidos grasos, o la forma en que el cuerpo procesa los ácidos grasos. Para el 10% restante, la alimentación con leche materna no tiene efecto en la inteligencia.

Este importante descubrimiento arroga algo de luz sobre estudios previos que habían tenido resultados mixtos: habría otro factor correspondiente al material genético del niño creando confusión. Sin embargo, esto comprueba la ventaja intelectual que la leche materna puede representar para un 90% de los niños. (Y, por supuesto, incluso el otro 10% se beneficia en otras formas de la leche materna.)

En un estudio de 2007, realizado en la Universidad de Bristol, los investigadores concluyeron que los niños alimentados con leche materna tienen mayores posibilidades de subir en la escala social. Los investigadores afirmaron que la razón de esto posiblemente radica en que la leche materna brinda mayor salud, estatura y CI.

La leche materna contiene varias sustancias que ayudan al cerebro del bebé y que pueden aumentar su CI por sobre el de aquellos que no reciben leche materna.

Contiene ácido docosahexaenoico (DHA), un ácido graso omega-3 de importancia para el cerebro. Los niveles de este ácido graso en la leche materna dependen del consumo de alimentos ricos en omega3 por parte de la madre, tales como pescados y lino. Los niveles de DHA son más altos en bebés alimentados con leche materna por mayor tiempo.

La leche maternal tiene colesterol, el cual es necesario para producir tejidos nerviosos en el cerebro en crecimiento.

La leche maternal es rica en lactosa, la cual en el cuerpo se descompone en glucosa y galactosa, siendo la galactosa un nutriente valioso para el desarrollo de tejidos cerebrales. Mediante estudios con animales, se sabe que las especies de mamíferos más inteligentes tienen mayores cantidades de lactosa en su leche. La leche de vaca contiene lactosa, pero no tanta como la leche humana. La fórmula en base a soya y otras libres de lactosa, obviamente no contienen lactosa en lo absoluto.

La taurina, un amino ácido encontrado en la leche materna, es importante para el desarrollo del cerebro. Este amino ácido es bajo en la leche de vaca.

El amamantamiento en sí mismo también beneficia el desarrollo cerebral del niño porque varía más que la experiencia de alimentación con botella, y porque ofrece mayor contacto piel-a-piel. Tal vez pienses que conoces alguien que fue alimentado con leche maternal y terminó siendo menos inteligente que otro que no probó la leche materna. Sin duda eso es cierto en casos particulares, porque son muchos los factores que influyen en la inteligencia de cada persona – no sólo la leche materna. La genética, cómo es criado el niño y la nutrición después de la infancia también juegan un rol importante. La duración de la lactancia también importa; hacerlo por algunos meses puede no hacer tanta diferencia como si se amamantara hasta que el niño decida destetarse por sí mismo. Así que la leche materna por sí misma no garantiza que tu hijo vaya a ser un tipo de Einstein, pero ésta tiene su efecto.

También hay estudios que no han encontrado ninguna relación entre la leche materna y el CI, los que suelen recibir gran atención en los medios cuando son revelados. Sin embargo, muchos de estos estudios tienen fallas severas en su diseño: por ejemplo, algunos definen la alimentación con leche materna como haberla recibido alguna vez – si el niño recibe un sorbo de leche materna y el resto es fórmula, entonces pertenece al grupo de los alimentados con leche materna. Tal definición automáticamente lleva a resultados equívocos.

Otro factor a considerar es que la cantidad de ácido docosahexaenoico (DHA) en la leche materna varía en función de la dieta de la madre. Podríamos suponer que estudios realizados con mujeres que no comen mucho pescado o toman aceite de pescado (una buena parte de la población) no revelarían una gran diferencia en CI comparado con bebés alimentados con fórmula. Pero nuevos estudios aparecen cada año y así se aclara la película con el paso del tiempo.

* Texto original de Maria Miller para 007b.com y adaptado con autorización explícita del autor.

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